Teresa Muñoz (departamento de Comunicación), los enólogos Carlos Alberte y Carlos Moro, Esperanza Castro (directora financiera) y Chelo Miñan (Enotusimos), de Bodegas Familiares Matarromera. :: Gabriel Villamil

CLUB DE CATAS DE EL NORTE DE CASTILLA

Carlos Moro presentó en Valladolid sus nuevos vinos de la DOCa Rioja

N. CABALLERO
21/11/2017
La cata de ayer permitió, entre otras cosas, comprobar que una variedad como la tempranillo tan identificada en Castilla y León con la Denominación de Origen Ribera del Duero, tiene un comportamiento muy diferente en otras comarcas vitivinícolas. Los invitados del Club de Catas de El Norte de Castilla cataron cinco de los vinos que llevan la firma de Carlos Moro, fundador y presidente de Bodegas Familiares Matarromera. Se cataron cinco vinos, el blanco de la variedad verdejo fermentado en barrica CM Finca Las Marcas 2016, de la Denominación de Origen Rueda; y cuatro tintos de la variedad tempranillo con distintas crianzas de la Denominación de Origen Calificada Rioja, en concreto Oinoz Crianza 2014, CM 2015, Oinoz by Claude Gros 2014 y CM Prestigio 2015.
 
 
Con menos estructura y una capa más ligera, los cuatro vinos de Rioja mostraron su elegancia y su frescura, gracias a una mayor acidez y un menor grado alcohólico de las uvas plantadas a los pies de la Sierra de Cantabria. Se trata de vinos «más modernos, que crean su propia partitura, una nueva generación de riojas», describió el bodeguero.


Carlos Moro aseguró que todos los vinos que llevan su firma responden a un criterio muy particular y personal, aunque detrás de ellos está todo el equipo enológico, compuesto entre otros por 14 enólogos.


Tal y como explicó el propio Carlos Moro, después de hacer «póquer de ases en el Duero», con bodegas en Ribera del Duero, Cigales, Rueda y Toro, la empresas asumió «un reto importante, personal, profesional de todo el equipo, empresarial y comercial» como era desembarcar en la Denominación de Origen Calificada Rioja, una zona «con una larga tradición vitivinícola» y un reconocimiento internacional de décadas, apuntó el ingeniero agrónomo y enólogo. Así lo hicieron en 2014 con la bodega Carlos Moro, aunque dos años antes había comenzado la búsqueda de un proyecto interesante. La bodega Carlos Moro está situada en San Vicente de la Sonsierra y cuenta con un calado subterráneo con capacidad para más de 2.000 barricas, que permiten llevar a cabo la crianza de los vinos de una manera natural y homogénea a lo largo de todo el año.


Uno de los principales recursos son sus 20 hectáreas de pequeños viñedos y otras 75 controladas plantadas a los pies de la Sierra de Cantabria. Ignacio Peral, que fue el encargado de buscar esa bodega y los mejores viñedos, señaló que uno de los criterios fundamentales es que las viñas estuvieran como muy lejos a diez kilómetros d la bodega para evitar largas travesías en la vendimia. También explicó que se aplica una triple selección, la primera en la viña y las otras dos en bodega en  racimo y en grano.  Ignacio Peral y el enólogo Carlos Alberte se encargaron de dirigir una cata que empezó con Carlos Moro Fermentado en Barrica 2016, un vino blanco de guarda que regala en nariz con los toques anisados de la variedad verdejo, muy untuoso y con una acidez muy refrescante en  boca.