Renedo muestra en su casa el vino que embotella actualmente. :: L. S.

Bodeguero de Vega Sicilia durante 40 años

Martiniano Renedo, maestro en la cuna de la Ribera

L.S.
06/12/2010
Desde ese año, 1942, Martiniano Renedo asumió un compromiso con el mundo vinícola de la mano de las instalaciones donde había nacidoy hasta el año 1968 cargó con la responsabilidad íntegra de ser el bodeguero de este emblemático vino
 
Los recuerdos gran reserva del 42 fermentan aún a la temperatura ideal. La añada de aquel año en la bodega de Vega Sicilia, en Valbuena de Duero, estrenaba bodeguero oficial: Martiniano Renedo. Desde su vivienda en la capital vallisoletana, a la vera de una placa que la prestigiosa bodega le entregó en su jubilación del año 1990, este octogenario sopla ya las 90 velas con una conversación de vivencias que dormitan en una barrica de extraordinaria memoria. «Yo empecé porque de pequeño mi vecino Domingo Garramiola, que fue quien inventó el Vega Sicilia, me llevaba a la bodega y cuando él murió me hice yo cargo», comenta mientras se acomoda en su coqueto salón. «Domingo, que era el maestro bodeguero, que no enólogo como ahora, era una eminencia que tenían que poner en el altar mayor», añade.

Desde ese año, 1942, Martiniano Renedo asumió un compromiso con el mundo vinícola de la mano de las instalaciones donde había nacido (su padre llevaba la contabilidad agrícola de la finca) y hasta el año 1968 cargó con la responsabilidad íntegra de ser el bodeguero de este emblemático vino, mientras que a partir de ese momento asegura que se centró principalmente en asesorar a los distintos enólogos sobre algunos de los aspectos fundamentales de elaboración de estos caldos.

Del secreto del afamado Vega Sicilia no habla. Lo guarda como oro en paño. Tan solo ofrece unas pequeñas pinceladas que se desprenden al escuchar de su boca lo necesario para elaborar un buen vino. «Lo primero que hace falta es tener calidad de uva, después mucha limpieza, pues hubo alguna ocasión que si por la meteorología no reunía las condiciones exigidas había que quemarla». Otras de las claves es la limpieza y hacer unas fermentaciones que no pasen de los 28 o 29 grados.

Los consejos se los autoaplica ahora en la pequeña bodega familiar en la que embotella el vino Valdehierro. Los métodos, en cambio, difieren bastante. «Ahora es muy fácil hacer vino, fermentas como quieres. En cambio, yo he tenido que dormir muchas veces en la bodega, en Vega Sicilia, porque cuando se hacía la fermentación subía la temperatura y había que estar atento de abrir puertas y ventanas para que bajara». De las añadas que cumplimentó conserva con cariño la primera, la de 1942, de la que aún posee alguna botella «que se podría beber, porque tiene vida», y la de 1964, una gran cosecha. Entonces la producción no llegaba a 60.000 botellas. «Era mucha responsabilidad por el vino que era, porque coger clientela cuesta mucho y se puede perder en cinco minutos. Pero Vega Sicilia ha sido con Domingo, fue conmigo y aún es Vega Sicilia porque hacen muy bien las cosas».
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