RIBERA DEL DUERO

Loquillo, socio de honor del club La Tenada de Valduero

CAROLINA GARCÍA VIADERO
24/07/2017

José María Sanz, Loquillo, llega a bodegas Valduero a tomar posesión de su membresia de honor en el club de barricas La Tenada. Son las 15.00h y le vemos tras los cristales de su todo terreno, con la sonrisa a flor de piel y, al bajar, sus andares siguen destilando esa exquisita mezcla entre elegancia y ritmo.

 

En el hotel de Ávila, olvidaron cargarle las maletas pero gracias a sus sastres favoritos nos regala un porte trajeado, sobrio y como el mismo dice adecuado. Su equipo le acompaña y nos explica la importancia de ellos en su vida, «la lealtad», añade, «es impagable».
 

Saborea el blanco Valduero y le sorprende un blanco en la ribera del Duero, el maridaje es perfecto: una tortilla de patatas y queso típico de la zona. En el inicio de la visita manifiesta su interés por el sistema natural y respetuoso con que Valduero hace su viticultura de bajísimas producciones, totalmente artesana. En las bóvedas respira y le parecen asombrosos los 12 grados constantes sin uso de máquina alguna. La palabra es coherencia, respeto a la naturaleza. 
 

Yolanda García socia fundadora de Valduero, le explica el paso de los tintos por varios robles diferentes y Loquillo, atento camina hacia el botellero, comprendiendo que en Valduero los vinos están a la altura de los más grandes, con largos y cuidados envejecimientos que los hacen únicos.
 

Ya en el museo de barricas comenta su admiración por Antonio López, el distinguido pintor también socio de honor de La Tenada, que inauguró el museo recientemente.
 

En el paseo por las galerías de Valduero hacemos la parada de rigor para que firme su barrica y nos deja boquiabiertos con un rubro tan artístico como su música, abraza una doble magnum de su vino Valduero Una Cepa, y es obvia su emoción, está atento hasta al aroma de la tierra. No pierde detalle y a la vez disfruta de un día tranquilo que como el dice: «para mí es un lujo».
 

Empezamos la comida con su vino ya etiquetado con su número de socio y con su nombre. Es el doble magnum de Una Cepa que abrazó en la cueva. 
 

Le preguntamos por sus orígenes, por su llegada a la cima, y sus frases no son solo frases, son pensamientos. Su discurso es una lección de vida dada por alguien que todavía tiene la otra mitad por delante. Nos dice, quitándose importancia, «soy solo un chico de barrio que se supo buscar la vida». Cuando yo le recuerdo lo pronto que triunfó, él contesta que su mayor éxito fue aprovechar la travesía por el desierto para conseguir trascender a las modas. Casualmente acompaña este pensamiento con un Valduero 6 años , también ajeno a las modas y así, ambos forman parte del Olimpo de los grandes, parecen el uno para el otro. 
 

Loquillo es un raro compendio de algo difícil de encontrar en nuestros días; derrocha mundo y la vez valores, es un chico de barrio y a la vez un refinado gentleman, que conversa a un ritmo magnético fascinando a todos con sus frases improvisadas, pero de honda filosofía. Tiene una cautivadora mirada que define el esfuerzo enorme para ascender, para mantenerse arriba, y para ser siempre joven pero a la vez sabio.

 

NOTICIAS RELACIONADAS