En Castilla y León se produce gran cantidad de vino, principalmente de calidad, que en muchas ocasiones acaba en segundos países. Una honrosa salida que permite a las bodegas sanear sus cuentas a final de año, sobre todo para compensar el descenso del consumo interno debido a la crisis en los últimos años en España, además de llevar el nombre de uno de los principales activos de la comunidad autónoma por todo el mundo. A pesar de la tormentosa economía, las bodegas de la región exportaron el año pasado por valor de 108 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 4,6% si se compara con 2010. Las bodegas facturan al año 480 millones de euros, por lo tanto, uno de cada cuatro euros procede ya de sus ventas en el exterior. Las exportaciones de vino representan el 8,20% del total de las ventas agroalimentarias de la región en segundos países.